Mongolia

Enter a traditional yurt and be greeted by the warmest and most sincere smiles to be found on the steppe. A place around the fire, a plate of food and the promise of songs and stories are the only company we need.

Mongolia Yurt
“I have never found a more sociable companion than loneliness.”
Under the stars, horses and yaks graze and converse, wondering how high the mountains are and how far the hawk flies. That’s what real Mongolia is like: finding a refuge in the middle of nowhere.
Mongolia cetrería
The Mongolian steppe is an infinite mute...
From the memory of one of the greatest empires in history emerges an unexplored place where there is always room for the visitor.

Nomadic spirit

temporada

From May to October, with good temperatures and the immense steppe turned into an infinite mantle of emeralds.

Continental cold

Average 9°C

May - October

Cool days and considerably cold nights

experiencias NUBA

Mongolia Yurt Interior

Private dinner among masterpieces

Mongolia Zanabazar

Dinosaurs and astrophysics in the Gobi

Make the Gobi desert a laboratory and relive the last moments of the dinosaurs with an expert astrophysicist and paleontologist. Transfer everything you have learned to the Natural History Museum in Ulaanbaatar.

Historias de BITÁCORA

En Solaz, la gastronomía define la experiencia. Desde la cocina mexicana contemporánea hasta una propuesta kosher integrada, cada espacio construye un recorrido sensorial en Los Cabos.

La primavera marca un cambio claro en la forma de vivir París. Los días se alargan, las terrazas reaparecen y la ciudad recupera un ritmo más abierto, menos comprimido por el invierno. No se trata de una transformación espectacular, sino de un ajuste sutil que mejora la experiencia urbana: caminar más, detenerse más, observar con mayor claridad.

Hay marcas hoteleras que construyen coherencia a través de la repetición. Y hay otras que la construyen desde la interpretación. Four Seasons pertenece a esta segunda categoría: su verdadera consistencia no está en replicar un modelo, sino en entender el territorio que habita y responder a él con precisión.

Viajar por la Polinesia Francesa exige entender las distancias. Las islas están dispersas, los vuelos no siempre conectan con facilidad y moverse entre atolones puede consumir días enteros. Por eso el mar deja de ser paisaje y se vuelve la vía más lógica para recorrer la región. Cuando el traslado ocurre mientras se duerme, el viaje cambia de tono.

El norte del Atlántico no es un destino de grandes ciudades ni de monumentos icónicos en cada escala. Es un territorio de naturaleza dominante, pueblos pequeños y climas que cambian en horas. Viajar por esta región implica aceptar distancias largas, carreteras limitadas y condiciones que no siempre permiten moverse con rapidez.

Entre el Pacífico y las montañas de British Columbia, Vancouver tiene una forma muy particular de sentirse. Es una ciudad donde el paisaje nunca desaparece del todo. Desde el centro siempre aparecen las montañas al fondo, los bosques llegan hasta la orilla del mar y la naturaleza forma parte del ritmo cotidiano.